El Rocío, una experiencia inolvidable

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¿Qué tal lleváis la semanita? A mí me está costando coger el ritmo, porque cuando se desconecta tanto y se está en una nube luego es muy difícil bajar.

En el otro post prometí contaros la culminación de la peregrinación que termina en la aldea del Rocío.

Por fin uno llega después del camino deseando ducharse y sentarse a cenar con su “peña”. Los que no han hecho el camino nos esperan con ansias para darnos la enhorabuena y celebrarlo en familia.

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Al día siguiente es costumbre ponerse las mejores galas para ir a la presentación de tu hermandad y hacerse la foto de toda la peña al completo:

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Después, ya nos vamos todos juntos a ver la presentación de nuestra hermandad, la de Sanlúcar, que es con la que hemos hecho el camino. Aquí estoy presenciando el momento

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Ese día fuimos en coche de caballos visitando algunas casas de amigos:

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Después de mucho buen cante, baile y celebración, queda tiempo para darse una vuelta por las tiendas del Rocío y descubrir, como fue mi caso, esta diseñadora flamenca y modista Elena (tatatrole@hotmail.com) Mirad los trajes que me probé y que dos de ellos me los acabé llevando:

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Lo mejor son los precios y la exclusividad y efectividad, porque te arreglan un traje en el mismo día. Ahí mismo me aconsejaron un peinado para uno de los trajes, que consiste en una coleta metida para dentro, muy fácil de hacer:

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Después, ya peinada, maquillada, vestida y con mi traje nuevo, seguí disfrutando de visitas en mi casa como la de Antonio, gran poeta y artista reconocido, que me acompañó durante el camino y vino a vernos al Rocío:

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Ya era el último día y había que prepararse para ver la salida de la Virgen. Así que ya, más cómoda, me puse mi poncho y mi gorra y nos dimos una vuelta para ver el ambiente de la madruga.

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Después de ver el salto a la reja, que este año fue a las 3 am, me fui a dormir unas horas para levantarme justo a verla pasar desde la terraza de nuestra casa Así estaba la calle esperando a que pasara la virgen del Rocío.

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¡¡Que cerca la tuve!! Que penita da que se acabe ya todo y uno se tenga que volver a Madrid. Eso sí; no puedo volver con mejores energías renovadas y pilas cargadas, así que me marcho con una sonrisa y con lágrimas en los ojos pero pensando: “No llores porque terminó, sonríe porque sucedió”.

Un abrazo enorme con sonrisa.

Norma

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