Mi camino del Rocío

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¿Qué tal el comienzo de semana? Yo volví ayer a Madrid en una nube, después de poder hacer mi camino del Rocío completo, y poder pasar en la aldea el fin de semana.

Era la primera vez que lo hacía todo, porque no siempre puedes irte toda la semana y vivirlo que para mí es un sueño de arte, fe, sentimiento, alegría, hermandad y generosidad. No voy a intentar explicar lo que es el camino del Rocío porque no se puede explicar, hay que vivirlo pero si quería compartir con vosotros alguna de las vivencias de mi camino que hago con Sanlúcar de Barrameda.

Yo tengo mi peña de los Madriles. Juntos compartimos tres días de convivencia a lado de todos los peregrinos que hacen el mismo camino también.

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Lo primero que se hace el miércoles, después de una misa de rigor, es embarcar en la barcaza de bajo Guía con el Simpecado para cruzar a Doñana.

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Al buscar tu carreta ya puedes elegir subirte en ella o caminar por las arenas. Empieza la peregrinación siempre detrás del simpecado que va marcando el paso tirado por bueyes. Ahí vas andando escuchando cante y en contacto contigo mismo.

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Cada día es diferente, y se pasa la noche en distintos sitios. Y en la carreta estas con tu gente:

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Durante el camino se hacen paradas para descansar y se aprovechan para hacer rengues como este en el que se baila y se canta.

Aquí os dejo más fotitos para que os hagáis una idea de lo que es, y de que cada día te cambias de ropa, porque tiene su propia moda de camino: te pones tu traje, tu flor, tu riñonera, tu vara y tus botos, y caminas por un paisaje de ensueño alrededor de personas a las que te unen las ganas de ser mejores, y con la esperanza de ver a nuestra Virgen, al compás del flamenco más puro que puedas escuchar.

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El viernes se peregrina hasta llegar a la aldea con la alegría de haber aguantado los tres días más mágicos, pero también más duros, porque la comodidad no es precisamente lo que prima en el camino, pero como dice el refrán: “Sarna con gusto no pica” así que el cansancio, las pocas horas de sueño, dormir en el campo en tiendas de campaña, no tener baño, los mosquitos, el calor y el polvo se olvidan cuando entras en la aldea del Rocío y surge más magia aún. Y es que el Rocío es así, cuando crees que ya no puedes emocionarte más y estar más llena, resulta que te vuelve a sorprender.

En el próximo post os contaré los tres días de después de la peregrinación, en la aldea, ya en la casa del Rocío, hasta el Domingo de madrugada que es el famoso salto a la reja de los almonteños.

Pero no me puedo marchar sin dedicarle este post a mis compañeros de camino, a los nuevos, que ya son Rocieros bautizados en Doñana, y a los que ya lo son, porque algunos saben que son mi familia. Tengo aún un nudo en la garganta y una emoción que sé que solo ellos, los que no han podido venir este año, pero estaban en nuestro corazón y el que lo ha vivido, puede entender…

Gracias una vez más a la vida por darme la oportunidad de poder estar este año, porque cada año es distinto e incomparable.

La vida es mucho mejor cuando compartes, . Ese es el espíritu Rociero y lo que llevo en mi corazón…

Hasta siempre peregrinos, marismas, Bajo Guía, espero veros el año que viene…

Un abrazo Rociero con sonrisa.

Norma

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